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CONOCIENDO SEMANA A SEMANA
LA CUARTA REGION DE CHILE
 
COMBARBALA

Iglesia de Combarbalá
Iglesia de Combarbalá

Fecha de instalación: 30 de noviembre 1789

Extensión física: 2.257,5 Kms2

Población: 14.382 habitantes, de los cuales 4.882 viven en área urbana y 9.500 en el sector rural.

Número de distritos: 13: Ciudad oriente, Ciudad poniente, Soruco, Quilitapia, El Sauce, La Ligua, Cogotí, Chépica, Valle Hermoso, Pama, Huilmo, San Marcos, El Maitén.

Economía: Pequeña minería, ganadería caprina, agrofruticultura, artesanía.

Origen de la voz que la designa: Quechua: Cumparpayay: «partir con almadana o marti-llo».
« Tumhar violentamente», «venir tumbado».

Interpretación popular: de un natural llamado «La», que tras desaparecer un tiempo apareció con una tupida barba: «Con-barba-La».

Antecedentes Históricos: El área de Pama conserva numerosos testimonios de población precolombina, principalmente molles y diaguitas.

El lugar es mencionado por los primeros cronistas de la Conquista Española. Bibar lo nombra como «Cocambalá». Años antes había pasado por el lugar don Diego de Almagro. Fue desde esa época asiento de una comunidad aborigen y límite del Corregimiento. Dependió del curato de Sotaquí y sus sitios poblados se ubicaban en Cogotí, Pama y donde sé instaló la actual capital comunal. En 1738 su población era de 240 personas, en su mayoría peones de minas, cabreros y pequeños propietarios. Pama tenía 3 trapiches. En ese entonces aún subsistía un cacicato ostentado por Juan Guatemán. Las tierras de la comuna formaban parte de la encomienda de doña Isabel de Rojas, cuya hacienda estaba en Tuquí.

Combarbalá
Plaza de Armas de Combarbalá

La distancia de la capital del Reino del corregimiento como también el abandono del área llevaron al Obispo Manuel Alday y Aspeé a fundar el curato de Combarbalá, lo que se cumple en 1757 y se sanciona en 1758 con asignación de tierras vacías a beneficio de indios del lugar.
Ello provocó el aumento de su población y explotación de las vetas mineras esparcidas en su geografía.

A comienzos de 1789 los vecinos pidieron al Gobernador levantar formalmente una villa que debía llamarse San Ambrosio. El petitorio interesó a O'Higgins, quien durante su visita a la zona pasó por el lugar y tomó nota en el terreno de las razones y fundamentos. Así, vuelto a Santiago, procedió a dictar el decreto y bando que con fecha 30 de noviembre fundó la villa de San Francisco de Borja de Combarbalá, otor-gando las prerrogativas, acciones y privilegios que daba la Junta Superior de Poblaciones. Como Superintendente de la población sé designó a don Juan Ignacio Flores.

En las órdenes se consideró entrega de solares al cacique y parientes inmediatos, como también levantar frente a la Plaza el ayuntamiento y cárcel.

Combarbalá
Otra Vista de la Plaza de Armas

El avance de la población se entrabó por la resistencia de los habitantes del curato que tenían faenas en Quilitapia y Pama o en las márgenes del Cogotí. Recién en 1800, al descubrirse cerca de la ciudad algunos minerales de plata el lugar tomó forma, aunque su limitante fue la de carecer de sitios de molienda, lo que imponía llevarlos a Illapel o Limarí.

Al desarrollarse la explotación cuprera por parte de la compañía Inglesa que representaba Charles St. Lambert, prosperó su economía gracias a la existencia de 10 hornos de fundición y 12 trapiches.

Como dato curioso se señala que en esa época el valor de sus terrenos eran los más altos del Norte Medio.

Combarbalá
Lirio del Campo o Peregrina
Una de las tantas flores de la meseta existente
en la comuna de Combarbalá

Las reformas administrativas posteriores a 1826 le dieron asiento de Gobernación, fortaleciendo importancia gracias al mejoramiento del camino longitudinal y ferrocarril. Al abrirse la ruta Panamericana y mermar el uso ferrocarrilero quedó aislada. Recién en estos últimos años sé reconecta con Limarí y la costa por vías adecuadas.


"EL PISCO UN TRAGO DE FANTASIA"

Feria Modelo de Ovalle

Los buenos pisqueros de los valles de Coquimbo suelen decir que su producto es tan perfecto porque entre alquimias de la tierra, cierto irresistible amor solar y algo de ingenio conducen a lograr meter todo en una botella y entregarlo como el mejor presente del país.

Por esto último empieza la cosa. En algún pliegue del tiempo se quedó la fecha en que los comarcanos fueron invitados para enviar a la fiesta de las Candelas una ofrenda líquida que diera lucimiento al banquete en honor de la patrona.

En el valle de Copiapó los viñateros molieron las uvas tempranas y tras manejos en bodegas y pipones llegaron a dar un vino grueso y generoso que ponderaron catadores y curas. 

En Elqui y Limarí procuraron hacer lo mismo, pero el caldo se les adelgazaba y aunque la calidad seca y grata no tenía objeciones, el punto comparativo les daba las de perder.

Hasta que en una viñita interior del valle elquino y en heredad que sé trepaba al cerro por los faldeos que la luz solar bañaba cada mañana, sé produjo el hallazgo.

Allí el diligente campesino pudo obser-var que los racimos más altos tenían la virtud de atraer los rayos del sol y que éstos se resistían a seguir el camino del astro rey cuando tomaba altura. ¡Es que las pomas eran tan bellas, regordetas y graciosas!
Vaya a saberse qué connubio armaba allí la Naturaleza.
 

Lo que sí es real que nuestro afortunado vendimiador podía comprobar que al moler los racimos, sé traspasaba a las vasijas un caldo dulzón y aromático que puesto a punto de alambique mantenía esa esencia temprana y cristalina que sólo puede percibirse en la plena naturaleza de los valles benditos de Coquimbo.

De ahí viene el hábito de decir que cuando los romeros de Elqui y Limarí iban con sus primicias a la fiesta en referencia, llevaban el sol atrapado en la botella. Y que éste sale jubiloso de su particular encierro cuando llega la hora de brindar y celebrar.


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Roberto Antonio González Olivares
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